El viernes a las nueve de la noche
El predio está lleno. Fútbol 5, fútbol 7 y pádel funcionando al mismo tiempo. Suena el teléfono: quieren la cancha 3 el martes a las 20. La persona del mostrador tiene que acordarse de que ese horario lo ocupa un grupo fijo que viene hace dos años y que nunca confirma, porque no hace falta que confirme: siempre viene. No está anotado en ningún lado más que en el cuaderno de la semana pasada, que ya se archivó.
Mientras tanto alguien pide dos aguas y un alfajor en la cantina, y otro grupo se va sin pagar el saldo del turno porque el que cobró la seña por transferencia fue el dueño, desde su teléfono, el miércoles. A las dos de la mañana hay que cerrar: sumar lo que entró por alquiler, lo que entró por cantina, restar lo que se pagó en efectivo al que trajo el hielo, y explicar por qué la plata que hay en la caja no coincide con lo que dicen los papeles.
Ninguno de esos tres problemas se resuelve con una agenda. Se resuelven cuando la ocupación de la cancha, el estado de cobro del turno y el movimiento de caja son el mismo dato mirado desde tres lugares distintos.
La disponibilidad no se pregunta: se calcula
La forma intuitiva de resolver una reserva es preguntar si la cancha está libre. En un complejo eso no alcanza, porque una cancha puede estar ocupada por tres motivos que no se parecen en nada: una reserva que hizo un cliente desde el celular, un turno fijo que el sistema generó solo, o un bloque de torneo que no es de nadie en particular y que igual bloquea el horario.
Si cada uno de esos tres vive en su propia lógica, tarde o temprano dos de ellos ocupan el mismo lugar. La grilla tiene que salir de una sola consulta que resta las tres ocupaciones a la vez, y esa consulta es la única fuente de verdad para todo lo demás: para lo que ve el cliente cuando entra a reservar, para lo que ve el mostrador y para lo que ve el dueño cuando arma el torneo del sábado.
El detalle que importa es que el cálculo se hace del lado del servidor y en el momento de confirmar, no cuando se dibuja la pantalla. Entre que un cliente abre la grilla y aprieta reservar pasan minutos, y en un viernes a la tarde eso alcanza para que alguien más tome el mismo horario.
El turno fijo es una plantilla, no una reserva repetida
El grupo de todos los martes a las 20 no es una reserva que se copia cincuenta y dos veces. Es una regla: esta cancha, este día, este horario, hasta que se diga lo contrario. Pero tampoco puede ser sólo una regla, porque en algún momento ese grupo va a avisar que la semana que viene no viene, y eso tiene que poder cancelarse sin tocar todas las demás.
La forma que funciona es tener las dos cosas. La plantilla define la regla, y el sistema materializa los turnos concretos con anticipación, antes de que abra el local. Cada turno generado existe como un registro propio: se puede mover, cancelar o cobrar por separado, sin que la serie se entere. Y si el grupo deja de venir, se desactiva la plantilla y la grilla se libera sola desde la semana siguiente, sin que nadie borre turno por turno.
Calcular los turnos fijos al vuelo, en vez de materializarlos, parece más limpio y es el error más común. En cuanto hace falta cancelar una sola fecha o cambiar el precio de un turno puntual, no hay dónde guardar esa excepción.
Una reserva confirmada puede estar impaga
El estado de la reserva y el estado del cobro son dos cosas separadas, y tratarlas como una sola es lo que rompe la caja. Un turno se confirma con una seña y queda con saldo pendiente hasta el día del partido. Otro se paga entero por adelantado. Otro es de un cliente fijo al que se le cobra a fin de mes. Los tres están confirmados y ocupan la cancha igual; ninguno de los tres está en la misma situación de cobro.
Por eso la grilla no muestra solamente si el horario está tomado: muestra, turno por turno, qué se señó, qué falta y qué ya está saldado. Es la diferencia entre saber que el viernes está lleno y saber cuánta plata tenés que cobrar el viernes.
La cantina entra a la misma caja
En un complejo la cantina no es un negocio aparte: es la mitad del movimiento de un viernes. Si vive en su propio cuaderno, al cierre hay que sumar dos cosas que se contaron distinto y que además comparten el mismo cajón de efectivo.
Cuando el consumo se carga contra el turno o se vende suelto pero cae en la misma caja, el cierre del día deja de ser una reconstrucción. El sistema ya sabe qué entró por alquiler, qué entró por cantina, qué salió como gasto y con qué medio de pago se movió cada peso. El cierre pasa a ser una confirmación de lo que ya está cargado, y la diferencia entre el efectivo contado y el esperado se ve sola.
Reservar cuando no hay nadie atendiendo
El dato más contraintuitivo que nos dio el sistema en funcionamiento es cuándo reserva la gente. En Tercer Tiempo, buena parte de las reservas entra fuera del horario de atención: con el mostrador cerrado y el teléfono sin nadie del otro lado.
Eso cambia el requisito. No alcanza con un formulario que manda un mail para que alguien confirme al día siguiente, porque para entonces el cliente ya arregló en otro lado. La reserva se tiene que confirmar sola: tomar el horario, cobrar la seña y ponerla en la grilla sin intervención humana. Si eso no pasa, la mitad de la demanda se atiende tarde o no se atiende.
Ocho canchas, dos deportes y una caja que cerraba a mano
Tercer Tiempo alquila canchas de fútbol 5, fútbol 7 y pádel en Paraná. Coordinaba todo por WhatsApp, anotaba los turnos fijos en papel y cerraba la caja sumando la cantina aparte. El sistema que reemplazó las tres cosas está en producción.
Ver el caso completoPreguntas frecuentes
¿Sirve si tengo canchas de distintos deportes?
Sí. Cada cancha se define con su deporte, su duración de turno y su precio, y conviven en la misma grilla. Un complejo con fútbol 5, fútbol 7 y pádel se ve en una sola pantalla, con la posibilidad de filtrar por cancha cuando hay que resolver algo puntual.
¿Los clientes reservan sin llamar?
Esa es la idea. El cliente ve la grilla real, elige el horario, paga la seña y la reserva queda confirmada en el momento. No hay un paso intermedio donde alguien tiene que aprobar a mano, porque justamente el pico de reservas suele caer cuando no hay nadie atendiendo.
¿Qué pasa con los turnos fijos que ya tengo?
Se cargan una vez como plantilla, con su cancha, día y horario. A partir de ahí el sistema genera los turnos con anticipación y no hay que volver a cargarlos nunca. Si un cliente fijo avisa que una semana no viene, se cancela ese turno solo y el horario queda disponible para reservar.
¿Puedo bloquear canchas por un torneo?
Sí. Los bloques de torneo ocupan la cancha igual que una reserva pero no pertenecen a ningún cliente, así que dejan de estar disponibles y nadie puede pisarlos desde la reserva online.
¿La cantina y la caja son parte del mismo sistema?
Sí, y es a propósito. El consumo de cantina y el cobro del turno caen en la misma caja, así que el cierre diario sale de un solo lado en lugar de reconstruirse sumando papeles.
¿Cuánto cuesta?
Los sistemas a medida arrancan desde USD 1.500. El precio final depende de cuántos módulos entren en la primera etapa y de qué integraciones necesite. Sale del diagnóstico, y la propuesta llega escrita con precio cerrado por etapa.
¿De quién es el sistema una vez terminado?
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