Comandas con modificadores y combos

Cuando se vende un combo entra un solo precio a la caja y salen tres o cuatro productos distintos del depósito. Esa asimetría entre lo que se cobra y lo que se descuenta es la razón por la que un combo mal estructurado arruina el stock de un local en dos semanas.

El problema

El combo que descontó una unidad

El combo del día es hamburguesa, papas y bebida. Se vende bien: cuarenta por noche. En el sistema está cargado como un producto llamado «Combo», con su precio.

Al cierre, el stock dice que se vendieron cuarenta combos. No dice cuántos panes salieron, ni cuántas porciones de papa, ni cuántas latas. Para saberlo hay que multiplicar a mano, y hay que acordarse de que ocho de esos combos llevaron bebida grande en lugar de chica.

El lunes se compra insumo mirando ese número. Se compran panes de menos y latas de más. Y cuando alguien pide el combo con doble medallón, el sistema cobra un adicional pero descuenta la misma cantidad de carne que un combo simple, porque el combo es una unidad indivisible que no sabe de qué está hecha.

El combo es una receta, no un artículo

Lo que se vende es un combo, pero lo que se descuenta son sus componentes. La estructura correcta define el combo como una lista de líneas: un producto de tal categoría, otro de tal otra, cada uno con su cantidad.

Vender un combo genera entonces varios movimientos de stock, uno por componente, y un solo movimiento de caja por el precio del combo. Esa asimetría entre lo que se cobra y lo que se descuenta es la esencia del asunto y la razón por la que no se puede resolver con un producto simple.

El precio del combo no se calcula sumando los componentes: se fija aparte, porque el sentido del combo es justamente costar menos que la suma. Lo que sí conviene guardar es cuánto habría costado por separado, porque es el número que después permite ver si el combo está dejando margen o comiéndoselo.

Cuando el cliente elige qué entra

Casi ningún combo tiene los componentes fijos. La bebida se elige, la guarnición se elige, y a veces la hamburguesa también. Eso significa que cada línea del combo no apunta a un producto sino a un conjunto de productos elegibles, con uno marcado por defecto.

Si alguna de esas opciones tiene un precio distinto —la bebida grande, la guarnición premium— la línea necesita un diferencial propio que se suma al precio base del combo. Sin eso, el local termina regalando la diferencia en cada pedido que se sale de la opción estándar.

El detalle operativo que aparece recién en producción es qué hacer cuando una de las opciones se queda sin stock. Lo razonable es que desaparezca de las opciones elegibles pero el combo siga vendiéndose con el resto, en lugar de bloquear el combo entero.

Un producto modificado dentro de un combo

Acá es donde la estructura se pone a prueba. El cliente pide el combo, elige la hamburguesa doble, y además la quiere sin cebolla y con cheddar extra. Esas modificaciones aplican al componente, no al combo.

Entonces cada línea del combo tiene que poder llevar sus propios modificadores, con la misma mecánica que tendría ese producto si se vendiera suelto: el cheddar extra suma su precio y descuenta su feta, y el «sin cebolla» no descuenta nada.

Si esa anidación no está prevista desde el principio, lo que pasa en la práctica es que el mozo carga el combo y escribe las modificaciones en un campo de observaciones. Vuelve el problema del texto libre, ahora escondido adentro de una estructura que parecía resuelta.

Lo que sale impreso en cada sector

Un combo con tres componentes que se preparan en lugares distintos no se imprime entero en ningún lado. La hamburguesa va a plancha, las papas a freidora y la bebida a barra, y cada sector tiene que ver solamente lo suyo, con la referencia del pedido para que después se arme completo.

El pedido no se considera listo hasta que los tres sectores marcaron su parte. Ese estado compuesto es lo que evita que un pedido salga a la mesa con la bebida y sin las papas, que es la falla más común cuando cada sector trabaja con su propia lista sin saber del resto.

Preguntas frecuentes

¿Puedo armar combos por tiempo limitado?

Sí. Un combo puede tener fecha de inicio y de fin, o días y franjas horarias en las que está disponible. Fuera de esa ventana no aparece en la carta, sin que nadie tenga que acordarse de darlo de baja.

¿Cómo sé si el combo me conviene?

Comparando lo que cobrás por el combo contra la suma del costo de sus componentes, que el sistema conoce porque los descuenta uno por uno. Es un número que sólo existe si el combo está armado como receta y no como producto suelto.

¿Un modificador puede restar dinero?

Sí, y conviene contemplarlo. Sacar un componente de un combo o pedir una versión reducida puede tener precio negativo. Si el sistema sólo admite adicionales, esos casos se resuelven con descuentos manuales que después nadie puede auditar.

¿Qué pasa si el mismo producto se vende suelto y en combo?

Es lo normal y no hay que duplicarlo. El producto es uno solo, con su stock y sus modificadores, y el combo lo referencia como componente. Se venda como se venda, el descuento de stock es el mismo.

¿Se puede modificar un pedido ya enviado a cocina?

Sí, pero tiene que quedar registrado: qué se cambió, cuándo y quién lo hizo. Un pedido que se modifica sin rastro es la vía más directa a una diferencia de caja que nadie puede explicar después.

¿Esto sirve para delivery también?

Sí, y ahí los modificadores importan todavía más, porque no hay nadie que pueda preguntar. Lo que se cargó es lo único que la cocina va a leer.

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